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Reunión

Situación Geográfica

La isla de Reunión se encuentra en el océano Índico, a unos 800 km al este de Madagascar, y aproximadamente a 220 km al suroeste de Mauricio. Con 2.510 km² es mayor que Mauricio, pero cuenta con la mitad de población. Su volcán activo, el Piton de la Fournaise, entró en erupción en 1986, escupiendo lava al mar y acrecentando la superficie de la isla con unos pocos metros cuadrados.

Reunión posee dos regiones montañosas principales; una de ellas cubre dos tercios de la mitad occidental de la isla. El pico más alto, el Piton des Neiges, cuenta con 3.069 m de altitud, una cima comparable a los montes alpinos, y que está rodeada por tres inmensos y espléndidos anfiteatros: los circos de Cilaos, Mafate y Salazie. Estas alargadas y profundas depresiones forman cañones de escarpadas paredes repletos de intrincados picos y valles, restos erosionados del antiguo escudo volcánico que envolvía al Piton des Neiges. La región montañosa más joven, cuya evolución continúa, se halla en el Sureste. Nadie vive a la sombra del volcán, donde la lava, al enfriarse tras su descenso hacia el mar, ha formado una accidentada ladera de roca volcánica negra. Entre estas dos zonas principales surgen altiplanos y valles, y las llanuras centrales están circundadas por una costera de anchura variable.

Historía

La isla de Reunión posee una historia muy similar a la de Mauricio, y fue visitada, aunque no ocupada, por los primeros navegantes malayos, árabes y europeos. El archipiélago, formado por Mauricio, Rodrigues y Reunión, fue bautizado por el portugués Pedro de Mascarenhas como islas Mascareñas, tras la llegada de los primeros europeos en 1513. En 1642, los franceses ocuparon la isla cuando la Compañía francesa de las Indias orientales envió la embarcación Saint-Louis, y el rey galo denominó a Reunión isla Bourbon.

El escaso interés en poblar y desarrollar el territorio permitió que, aproximadamente entre 1685 y 1715, isla Bourbon obtuviera sus principales ingresos de la piratería. La introducción del café, que entre 1715 y 1730 se convirtió en la principal cosecha, cambió por completo la economía. Los franceses utilizaron esclavos africanos para las labores intensivas necesarias en este cultivo. Durante este período se dispusieron también plantaciones de cereales, especias y algodón.

Al igual que Mauricio, Reunión creció bajo la guía del notable Mahé de La Bourdonnais, que sirvió como gobernador entre 1735 y 1746, a pesar de tratar a Mauricio como favorita y dejar a Reunión en un segundo plano. Como resultado de una gestión deficiente y de la rivalidad entre Francia y Gran Bretaña durante el siglo XVIII, así como de la quiebra de la Compañía francesa de las Indias orientales, el gobierno de la isla pasó directamente a la Corona francesa en 1764 y, tras la Revolución Francesa, cayó bajo la jurisdicción de la Asamblea Colonial. A finales del siglo XVIII se produjeron diversas rebeliones de esclavos, y todos los que consiguieron escapar se ocultaron en el interior de la isla, donde se organizaron en pueblos con jefes democráticamente elegidos y desde donde lucharon para mantener su independencia de las autoridades coloniales.

Las plantaciones de café fueron destruidas por ciclones a principios del siglo XIX y, en 1810, durante las guerras napoleónicas, la isla pasó a manos británicas. Cinco años más tarde, mediante el Tratado de París, el botín fue devuelto a los franceses, pero los británicos retuvieron el control sobre Rodrigues, Mauricio y las islas Seychelles. Durante el dominio británico se introdujo en Reunión el cultivo de la caña de azúcar, que pronto se convirtió en su principal cosecha. Como resultado, muchos pequeños agricultores perdieron sus tierras, al verse obligados a venderlas a quienes disponían del capital necesario para el nuevo monocultivo. Los agricultores desplazados emigraron al interior en busca de nuevos terrenos donde retomar sus actividades agrícolas. Fue entonces cuando los hermanos Desbassyns se convirtieron en los principales magnates del azúcar en la isla. La industria de la vainilla, introducida en 1819, obtuvo igualmente un rápido desarrollo.

La época dorada del comercio en Reunión finalizó en 1870, cuando la competencia cubana y de la industria europea del azúcar de remolacha, unida a la apertura del canal de Suez, produjeron un declive económico. Las exportaciones disminuyeron, la industria azucarera entró en crisis, y la tierra y el capital se concentraron aún más en manos de una elite francesa.

La isla aún se encuentra bajo la jurisdicción del gobierno francés. Se han producido movimientos independentistas ocasionales que, a diferencia de los acontecidos en los territorios franceses del Pacífico, nunca han alcanzado excesiva relevancia. Incluso el Partido Comunista de la isla pretende la autonomía, no la independencia, y hasta fechas recientes, Reunión parecía satisfecha de ser completamente francesa. Sin embargo, en febrero de 1991, unas protestas contra la administración costaron diez vidas en Saint-Denis, y una reaccionaria visita del primer ministro francés Michel Rocard provocó los abucheos de la población. En 1993 la situación parecía haberse calmado, pero todavía quedaban rescoldos de descontento. Como departamento francés, Reunión padece algunos de los males que afectan a la metrópoli: la tasa de desempleo es altísima, especialmente entre los jóvenes (el 39% de la población tiene menos de 20 años). Diversos escándalos financieros y políticos han sacudido la isla en los últimos años. Recientemente, la isla ha intentado estrechar sus lazos con África y, en 2004, entró a formar parte del Mercado Común de África Oriental y del Sur (COMESA).

Cultura y Tradiciones

Gastronomia

Como en la Francia continental, en Reunión se dedica mucho tiempo y esfuerzo al cultivo, la preparación y el disfrute de los alimentos. Los isleños pueden elegir entre una gran variedad de tradiciones culinarias -francesa, india, china y criolla- y múltiples recetas contienen elementos de diversas gastronomías. Los graines, que pueden consistir en judías rojas o blancas, lentejas o guisantes, aparecen con regularidad en los platos criollos, servidos invariablemente como acompañamiento del rougail (un chutney picante de tomate y verduras) y del brédes, una verdura similar a la espinaca. Para sazonar la comida suele haber una fuente de piments (chiles). ¡Ojo! Basta con una pizca

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Información Práctica

Aduana y Documentación. Los ciudadanos españoles no necesitan visado, solo el pasaporte.

Idioma. El francés (oficial), criollo

Diferencia Horaria. Trés horas más en invierno y dos en verano respecto al horario en la península ibérica.

Clima. El clima constituye el principal factor que se debe tener en cuenta si se desea conocer todo lo que Reunión puede ofrecer. La única época del año en que puede practicarse el senderismo en la espectacular región montañosa de la isla coincide con la estación seca, de abril a septiembre. El inconveniente a la hora de planificar el viaje según la climatología se basa en el elevado índice de turismo durante un mismo período.

Se recomienda reservar con mucha antelación, especialmente en temporada alta. Abril, mayo y las fechas que coinciden con las vacaciones escolares francesas, entre finales de julio y comienzos de septiembre, aparecen como las épocas de mayor afluencia turística, y en agosto se corre el riesgo de no encontrar hospedaje si no se ha reservado previamente. Igualmente, es la temporada alta para practicar el senderismo. El momento de menor actividad se localiza en febrero y marzo, cuando el peligro de ciclones es mayor. El cambio de estación suele producirse en abril, un buen momento para efectuar una visita; pero para disfrutar al máximo del lugar y el clima, mayo y junio quizá resultarán los mejores meses.

Moneda y Tarjetas de Crédito. La moneda es el euro como en Francia y España.

Asistencia médica. Igual que en Francia, muy buenos equipos.

Que Visitar

Saint Denis. Saint-Denis es una capital atractiva, animada y cara. Hasta los visitantes que dispongan de una buena cantidad de dinero pueden sentirse un poco aislados si no cuentan con amigos locales que les presenten en el café set. Aunque conocida en algunos rincones como el París del océano Índico, en Saint-Denis no se encontrarán miles de desaliñados estudiantes que viajan con un reducido presupuesto. En su lugar, habitan legiones de trabajadores llegados de Madagascar, Mauricio, el continente africano y la Unión Europea -legales e ilegales- tratando de encontrar empleo.

El área chic de la ciudad lo constituye Le Barachois, el paseo marítimo de Saint-Denis, en el extremo oriental. Se emplazan los bares y terrazas más elegantes, así como el hotel Le Saint-Denis, uno de los más lujosos. En Saint-Denis se alzan impresionantes mansiones criollas. Lo idóneo es pasear sin rumbo fijo. Entre otros puntos de interés destacan el monumento a los Caídos; el Ayuntamiento, considerado uno de los edificios más bellos de la urbe; la catedral de Saint-Denis; y la prefectura, cuya construcción se inició en 1735 y sirvió como sede de la Compañía francesa de las Indias. El gran mercado supone el principal mercado artesanal, en el que se puede encontrar una mezcolanza de productos, desde objetos malgaches de madera hasta especias, cestos y muebles.

Los distritos de las colinas que se levantan detrás de Saint-Denis ofrecen fantásticas vistas de la capital, y conforman el punto de partida de excursiones a la Roche écrite, un pico de gran altura que suele estar oculto entre nubes. Aunque técnicamente no se encuentra en el circo de Mafate, proporciona una vista espectacular del circo inferior. El amanecer resulta el momento indicado para verlo.

Saint Gilles les Bains Quizá el ambiente playero no resulte la principal atracción de Reunión, pero en ocasiones nadie lo diría. Los fines de semana y durante los períodos vacacionales, Saint-Gilles-Les-Bains se encuentra abarrotada. En un domingo cálido y soleado, la ciudad puede compararse a las poblaciones de la Costa Brava, con restaurantes y playas hasta los topes y atascos a lo largo del día, con un tráfico especialmente intenso hacia Saint-Denis. La actividad se concentra en los 20 km de laguna y playa de blanca arena coralina que se extienden desde Boucan Canot hasta La Souris Chaude (literalmente, el Ratón Caliente). A ambos lados de esta zona, la arena es de color negro, de origen volcánico.

Durante el siglo XIX, el pequeño pueblo pesquero de Saint-Gilles-Les-Bains pertenecía a la familia Desbassyns. Tras la llegada de la carretera desde Saint-Paul, en 1863, el pueblo fue descubierto por los veraneantes, y su popularidad ha ido en aumento desde entonces. El Museo de Villéle, que acogió la residencia de la acaudalada y poderosa madame Panon-Desbassyns, ofrece visitas guiadas. Panon-Desbassyns fue una magnate del café y el azúcar que contaba entre sus posesiones con 300 esclavos. Cuenta la leyenda que, castigada por su crueldad, sus gritos atormentados pueden oírse aún cuando el volcán entra en erupción.

Aproximadamente a 1 km hacia el interior, se encuentra una zona de aparcamiento. De ahí nace un camino que conduce a un antiguo sistema de irrigación y abastecimiento de agua. La zona comprende una imponente serie de cascadas y estanques. El estanque de Cormoran, al que se accede por un sendero inferior que parte del canal de irrigación, es el más practicable. Cuando el nivel del agua alcanza el adecuado, las cascadas proporcionan un lugar excelente para nadar y una alternativa a la playa en los días más cálidos.

Saint Paul. Saint-Paul es una ciudad atractiva que merece algunas horas de exploración, pero que suelen olvidar quienes la atraviesan en busca de las olas y la arena blanca situadas más al Sur. Como antigua capital de Reunión, Saint-Paul posee un aire tropical y colonial, con edificios históricos a lo largo de su paseo marítimo flanqueado por cañones a los que dan sombra desgreñados cocoteros. El único enclave factible de ser considerado una atracción es el luminoso y bien conservado cementerio Martin, próximo al extremo sur de la urbe, un bello lugar para pasear y rememorar el pasado tumultuoso, renegado y mercantil de la isla. El cementerio contiene las tumbas y restos de escritores, granujas y ciudadanos respetables de Reunión. La sepultura más interesante es la última morada del pirata Olivier Levasseur, La Buse (El Halcón), marcada con el símbolo pirata de la calavera con las tibias cruzadas. Tras robar una fortuna, La Buse se instaló en Madagascar, y fue el último pirata del océano Índico en ser aprehendido. Tras su captura, fue llevado a Saint-Paul y ahorcado en 1730. En la actualidad algunos persisten en la búsqueda de su tesoro en Mauricio, las islas Seychelles y Reunión.

Rutas

Cilaos y el circo de Cilaos. Cilaos nació como una estación balnearia a finales del siglo XIX, tras la construcción de unos baños termales. Se cree que su nombre procede de la expresión malgache tsy laosana, lugar del que nadie regresa. La mayoría de los habitantes de la localidad descienden de los colonos llegados de Bretaña y Normandía en el siglo XVIII. La zona es conocida por sus lentejas, sus bordados y sus vinos dulces tintos y blancos. El circo, uno de los tres que existen en la isla, recuerda al cráter de un volcán pero, en realidad, fue creado por las mismas fuerzas erosivas que conformaron el pico Matterhorn en Suiza.

Con los años, los baños y los muros originales se deterioraron, y el balneario fue cerrado a mediados de 1987 y convertido en museo. Un poco más arriba en la montaña, pero utilizando la misma fuente, se abrió un nuevo complejo, el establecimiento termal Irénée Accot, un lugar mágico para relajarse tras una larga caminata. Existen varios baños en los alrededores de la población. La excursión de un día a la cascada de Bras Rouge se inicia siguiendo un sendero que parte de Cilaos, desciende al antiguo balneario y luego atraviesa las laderas sobre el Bras des Étangs. Después de dos horas de camino se llega a la cascada de Bras Rouge.

El circo de Mafate. Rodeado de paredes, atravesado por barrancos y tachonado de crestas angostas, Mafate constituye el circo más salvaje y remoto de Reunión. A pesar de su aislamiento no se halla deshabitado, y cuenta con varias aldeas, lugares sórdidos y olvidados en los que nunca pasa nada, pero que surgen como un vestigio de civilización en medio de un paisaje majestuoso.

Para alegría de algunos y decepción de otros, Mafate carece de carreteras para vehículos motorizados y, a menos que se llegue por aire, la mayor parte de la zona resulta inaccesible.